¿Dónde Estás?
Una pregunta que indica que alguien se ha perdido o alguien que desea ser encontrado. ¿Cuantos hemos preguntado esto? ¿Cuantos hemos sentido que de alguna manera nos perdimos y deseamos desesperadamente ser encontrados?
Una imagen viene a mi mente cuando pienso en esta pregunta. Pienso en alguien caminando en medio de una tormenta de nieve. No pueden ver más de dos pies al frente. Todo lo que sienten es miedo porque ha perdido de vista a alguien. Puede escuchar la voz de aquel que no halla, pero no saben a cuál dirección caminar y entre más pasa el tiempo, se siente más distante.
Es la pregunta que gritamos cuando todo en nuestro mundo va de mal en peor. No hablamos o hablábamos con Dios. Perdemos nuestra visión. Desesperanza y desesperación entran a nuestro corazón. Cuando perdemos nuestra visión, no vemos hacia donde nos dirigimos. Solo vemos el suelo y nuestra condicion. No podemos ver si alguien esta herido. No ver podemos mas allá de nuestro dolor, de nuestra herida y mientras pasa el tiempo, nos sentimos mas y más distantes de Dios.
No podemos ver. ¿Entonces quien nos culparía si paramos de caminar? ¿Quien nos culparía si nos aisláramos y creáramos murallas que nadie se atrevería a atravesar y los que son atrevidos, desean nunca haber tratado? ¿Quien nos culparía si, después de años de batallar con la depresión, no podemos ver la meta, el fin, y decidimos dejar de pelear? ¿Quien nos culparía? Después de todo, somos humanos.
Aquí está la cosa sobre esta pregunta. Requiere una respuesta de la otra persona. Esa persona que estamos buscando tiene que responder para que podamos encontrarla.
La biblia dice en Mateo 7:7-8 (NTL)
“Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.”
Nadie nos culparía si dejáramos de continuar nuestro trayecto, pero ¿prefieres estar en la tormenta fría y desolada? ¿O prefieres continuar llamándolo y preguntándole “¡¿Dónde estás?!”?
La palabra clave en este verso es “Seguir”. Es una orden a continuar pidiendo, buscando y llamando a Su puerta para que Él se revele a nosotros y nos de todo lo que necesitamos.
Incluso como adultos, cuando necesitamos algo seguimos preguntando, buscando y tocando la puerta de los demás. A veces, podría ser algo que realmente no necesitamos, pero queremos. Sin embargo, cuando se trata de hacer esto con Dios, tendemos a decir: “Está bien, Dios. Si no quieres dármelo, está bien. Si no quieres darme ese milagro financiero, sanador, ese niño, etc., está bien. Solo voy a orar por otras cosas”.
Tienen razón. Dios no solamente te lo va a dar y ya. Tienes que seguir pidiendo, seguir buscando, seguir llamando, repetir, y repetir. Es trabajo. Si no trabajamos por lo que queremos, no lo vamos a apreciar.
Sigue caminando, siguiendo Su voz amorosa, y encontraras lo que buscas. Él te guiara fuera de la tormenta cegadora y restaurara tu visión en el proceso. No será de la forma que esperabas, pero sobrepasará tus expectativas.
No pierdas tu esperanza. No pierdas tu fe. El restaurara lo que en un momento estaba roto. Tienes que seguir pidiendo, seguir buscando, y seguir llamando.
