En realidad al final termina siendo lo mismo… un queque… y sí… puede ser que me guste más uno que otro, pero será el mejor pastel.

Así veo los planes de Dios. Es decir, Dios me ha llamado a servirle a tiempo completo, durante 11 meses, en las misiones y mostrar el amor de Cristo a otros, fuera de mi comodidad; y pues constantemente cambia los pasos a seguir para llegar a la meta, sabiendo que el fin último será el mismo: SERVIRLE.

Y en realidad, me he dado cuenta, que a Dios no le preocupa si uno se ha esforzado mucho o no para llegar a “x” punto… si a él le complace hacer las cosas diferentes, las va a hacer; y no porque me quiera ver llorar o algo así por el estilo (como si tuviera un corazón maldoso), por el contrario, es porque me va a ir moldeando y haciendo que así pueda llegar a la meta lo más pulida posible.

Al final, lo que vale es que podamos depender de él más y más cada día, que podamos llegar a tener una relación de amor incondicional, así como la de Rut y Noemí. Es decir… normalmente una persona no “dejaría todo tirado” por seguir a otro que no tenga un plan seguro; ¿quién estaría dispuesto a ir por el mundo, a lo que caiga?

Volvamos un momento a la historia…

Rut se casa, al poco tiempo queda viuda y sin hijos (mmmm digamos que no es muy bonita ya de por sí esta situación… y que tras de eso se le diera joven y a los diez años de casada…ishhhh). Yo estando en los zapatos de Rut, fijo no hubiera comprendido lo que Dios quería hacer (nosotros lo comprendemos porque ya conocemos la historia, pero…ella obvio no sabía lo dichosa que iba a ser su vida). Ella decide seguir a su suegra (exsuegra) ¡y se niega a hacer una vida separada de ella! ¿En qué cabeza se puede decir no quiero volver a tener una vida normal? En la de Rut… ¿te imaginás si Rut hubiera dicho que sí se iba? Ayyy por Dios!!! De lo que se hubiera perdido.

Rut nos enseña que no es necesario ver el final del túnel para entrar en él. Que cuando uno se compromete es para siempre y no hasta que los planes dejen de funcionar o el camino se tuerza…

Al final, no es con cualquiera con el que nos comprometemos, ¡es con Jesús!; y Él sí tiene un plan seguro y la guía que nos da es tener fe en él… darle el control de todo. Miralo así, vos para poder alcanzar una meta, tenés que llevar acabo ciertos pasos, y pues ¡sorpresa! La vida no es un “ceteris paribus”, por lo que el paso 1 se puede convertir en el paso 8 y el paso 6 puede que se vuelva el paso 3… y…¿qué pasó? NADA… la meta sigue siendo la misma: OBEDECER Y SERVIRLE.

Dios me ha ido desordenando (ordenando para ÉL) los planes. Ya tuve que avisar en mi trabajo mi salida, lo que en su momento sinceramente me desestabilizó porque no sabía cuál iba a ser la reacción al verme forzada a hacerlo por situaciones fuera de mi control; jajaja… todo salió bien! Y pues todavía tengo trabajo hasta el momento que presente mi renuncia formal =) Mejor no pudo ser la verdad… Hace como dos semanas nos escribieron de AIM (Adventures in Missions) ya que la ruta va a ser diferente y quitaron a uno de los países que más me enamoraban: Zambia… en ese momento pensaba: “¿Por qué Zambia?¿Por qué no otro? Dios, usted sabe lo que yo quería servirle en Zambia” a lo que él calmadamente respondió: “YO sé lo que hago, usted solo siga y recuerde que no es el dónde sino lo que vas a ir a hacer, SERVIRME”. Luego hace una semana, se me presentó una situación con el carro, en la que tuve que sacar gran parte de mis ahorros del año pasado que tenía dispuestos para el viaje… y saben lloré y lloré y lloré y le decía a Dios: “Dios, usted sabe que ese dinero es del viaje…¿por qué así? ¿por qué permitís que el dinero que nos ha costado, se vaya así no más… sin tón ni son? Y pues él es muy caballero y siempre me contesta… a lo que me dijo “No es usted la que ahorra el dinero, ni la que se lo gana, quiero que veas que es mi mano la que te va a llevar al campo” Uishhh… Él sencillamente a veces, tiene unos pasos, que no comprendo… pero así es mi Dios: incomprensible. Su creación es asombrosa y no dudo de que lo que está construyendo en mí y a mi alrededor es realmente enorme y chiva.

Quiero ser una Rut, no pensar en lo que dejo… sino en recibirle a Él como dueño de mi vida y saber que su bendición no se va a apartar de mi lado, ser una verdadera hija de Dios.

Dios, no me pidas que te deje; ni me rogués que te abandone. Adonde vos vayás, yo voy a ir y donde acampés, yo voy a vivir también. Tu pueblo será el mío también y lo amaré como vos lo hacés. Que me cortés si te abandono y dejo de servirte, nada podrá separarnos… ¡nada, ni siquiera la muerte! Sino que será en ese momento donde más fuerte pueda abrazarte.