Existen momentos en los que anhelo con locura que Dios me muestre lo que desea cambiar en mí, hay otros en los que desespero porque no logro escuchar lo que desea cambiar en mí.
He tenido que aprender a escuchar a Dios de formas diferentes, a callar, a esperar, a reconocer que los cambios no son bajo la lupa humana, pero sí bajo la voluntad divina.
Crecí con muchos adjetivos que fueron dándome la identidad que fortalecí por más de 25 años: chichosa, chineada, enojona, egoísta, insuficiente, incapaz, insociable, “tontita”, sola, malvada, intimidante…
Me empecé a convertir en todo aquello malo que me señalaban y lo fortalecí permitiendo que el enemigo me hiciera basar mi identidad en ello. Permití que la mujer que estaba creciendo fuera todo eso y más.
Nunca hice por donde escapar de todos esos nombres que se me habían entregado, simplemente los creí… aun cuando no me gustaban y me hacían odiar muchas veces la mujer que veía en el espejo.
Luego de vivir todo lo que viví (ver blog sexo, perdón y redención) y de escuchar todo lo que les cuento, llegué a World Race creyéndolos y teniendo miedo de que la gente no me aceptara por lo que era, de mostrar a la “verdadera Gabi”, porque mi identidad estaba basada en las mentiras del enemigo.
Durante este viaje, todos los días tenemos que hacer “feedback” (Proverbios 27:17), es un lugar seguro en el que nos mostramos en amor las cosas en las que debemos perseverar y otras en las que debemos cambiar para ser más como Cristo.
He sido sorprendida por Dios y el amor de mi #Cosmopolita y #Trotos, equipos en estos 4 meses. Nunca he sentido que he cambiado como ahora. Poder recibir las cosas por cambiar con humildad y valentía es la mejor decisión que he tomado en muchos años. Aprender a ser mejor. Querer tener una mejor versión de Gabi. Yo he decidido ser más como Cristo, y eso… implica que todo el tiempo debo morir a mi “YO”.
Y no sólo he podido escuchar aspectos por cambiar, sino que he recibido reconocimiento en cosas que jamás pensé tener: sabiduría al hablar, humildad, belleza, inteligente, disciplinada, perseverante, autocontrol… ufffff lo que debo trabajar es creer más lo que sí soy y no, lo que no soy.
La mujer que quiero ser, no soy yo todavía. La mujer que quiero ser está con un rótulo que dice “obra en construcción”. La mujer que quiero ser tiene cosas que ya tenía, cosas que he aprendido en estos 4 meses, pero sé que tendrá más cosas con el transcurrir de los años… porque la mujer que quiero ser:
Es extraordinaria
Hallarla es como encontrarse una joya muy valiosa
Quien se casa con ella puede darle toda su confianza; dinero nunca le faltará
A ella todo le sale bien; nunca nada le sale mal.
Sale a comprar sus recursos y con sus propias manos trabaja con alegría.
Se levanta muy temprano y da de comer a sus hijos y asigna tareas a sus sirvientas.
Es inversionista.
Ella misma se asegura que su negocio marche bien.
Siempre ayuda a los pobres.
No le preocupa que haga frío, pues todos en su casa andan siempre bien abrigados.
En la ciudad y en el país su esposo es bien conocido, pues ocupa un lugar importante entre la gente de autoridad.
Es mujer de carácter; mantiene su dignidad.
Enfrenta confiada el futuro.
Siempre habla con sabiduría.
Enseña a sus hijos con amor.
Sus hijos la felicitan; su esposo la alaba y le dice: “Mujeres buenas hay muchas, pero tú las superas a todas”
Proverbios 31, TLA y Gabi
La mujer que quiero ser tiene más de Dios y menos de Yo
